Paternidad hoy
Escribo sobre paternidad, cultura y el futuro de la familia en esta era de locura, desde las ruinas de la civilización cristiana. Parto de una premisa que considero imposible de ignorar: si no asumís un rol activo en la protección y formación de tus hijos, otros lo harán –y no con buenas intenciones.
Los tiempos de feliz terciarización institucional terminaron cuando escuelas, clubs, hospitales y estados se transformaron en campos de batalla ideológica. En todos lados se encuentra una feminista militante que hubiera abortado a tu hijo, u otra con pelo violeta que muy sospechosamente lo invitará a “explorar su cuerpo”, cuando no será su mismo entorno –a menudo reemplazado por apenas un texto en un celular– el que lo amenace con el exilio social si no cumple con algún peligroso reto de moda o enajenante hábito. Los espacios públicos han sido fatalmente contaminados por la pérdida total del pudor y la vergüenza. Ni hablemos de las pantallas, camino de ida de hasta la más delirante aberración.
Desde siempre, cultura, instituciones y otras familias participaron en la formación en valores, hábitos y formas de ver el mundo de nuestros propios hijos, pero ante la disolución del entramado social y la fragmentación cultural, ya no podemos contar con ellas. Cualquier disvalor circula como opción equivalente bajo el amparo de la aparente libertad de los libertinos. Era cuestión de tiempo, y ya estamos en él, para que bajo el amparo de la libertad religiosa, los seguidores de Satán exijan parejo reconocimiento al de la Iglesia de Cristo.
La sociedad le ha fallado a nuestras familias, a nuestros hijos. Si no queremos fallarles nosotros como padres, estamos llamados a ejercer hoy, más que nunca, una paternidad indelegable, deliberada e intencional.
Mi enfoque
¿Pero cómo encarar un problema de tal magnitud, sin precedentes? Con el mismo crudo realismo e inquebrantable determinación con que afrontamos cualquier otro desafío. Increíblemente, pocos aplican a la problemática familiar la lógica elemental pero contundente con que se conducen en los más mundanos y triviales negocios. De algún modo, muchos esperan que el pensamiento mágico de las buenas intenciones, que no funciona ni para vender un chicle, puede evitar que nuestros hijos caigan en las drogas, la pornografía o en cualesquiera de las sectas de las ideologías del orgullo.
Por eso, las virtudes del proveedor, también son, en gran parte las que deben encauzarse ahora en el rol de protector. En gran medida, este espacio es el resultado de aplicar mis casi 25 años de experiencia profesional a los desafíos que hoy enfrenta la paternidad. Durante más de dos décadas trabajé, en industrias tan disímiles como los medios masivos, la educación, la tecnología o las finanzas, en empresas e instituciones de 4 continentes, como consultor, ejecutivo, profesor, y emprendedor. Tuve la extraordinaria oportunidad de trabajar codo a codo con algunos de los más reconocidos expertos en sus campos. Invariablemente, a pesar de mis diversos roles, había una característica común en todos ellos: brindar una visión global y clarificadora, ordenadora de prioridades y consecuencias que a menudo pierden los especialistas –curiosamente, en muchos casos, “los padres de la criatura”. Con los años, ese enfoque se me hizo forma mentis: un marco conceptual desde el cual podía rápidamente identificar puntos de inflexión que apalancan esfuerzos y multiplican resultados. Ese se ha transformado, especialmente en los últimos años, en el núcleo de mi práctica cómo consultor de marketing digital.
Luego cómo padre, y antes, preparándome para ello, con la conciencia de la creciente hostilidad del entorno, empecé a aplicar esa mismo hábito mental a una pregunta mucho más importante: qué fuerzas están tras nuestros hijos, y cómo defenderlos de ellas.

Esa pregunta, fue el núcleo de incontables charlas con padres, amigos y familiares, y a través de ellas, me di cuenta de que, aunque muchos compartían el diagnóstico de la situación, pocos eran capaces de articular respuestas efectivas. Mil veces escuché alguna versión de la frase:
Sí, el mundo está contra nuestras familias, contra nuestros hijos, pero… ¿qué podemos hacer?
Este espacio es mi respuesta.
Pero igual que en mi trabajo con empresas, mi función aquí no es presentar soluciones genéricas “para todos los casos”, porque así como el experto sobre cada empresa, es el empresario, el experto sobre cada hijo, es su padre. Mi tarea es ayudar a pensar, brindar claridad, y ofrecer experiencia, método y recursos que permitan a cada padre, en sus particulares circunstancias, resolver los desafíos a los que se enfrenta.
Por eso aquí combino experiencia personal con análisis objetivo, pero no me quedo en la inmaculada pontificación sobre los problemas, ofrezco herramientas concretas para ayudar a los padres a navegar un contexto cada vez más complejo, confuso y hostil para la vida familiar.
La guerra por tus hijos
Actualmente estoy trabajando en La guerra por tus hijos, un libro donde desarrollo en profundidad estos conceptos, ahondo en las raíces de los problemas que vivimos y planteo soluciones específicas –y relato la odisea que sufrió mi familia con mi primer hijo… casi robado, casi envenenado, y 10 días secuestrado en un hospital.
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